Un acto de amor en tiempos de duelo
El duelo deja muchas páginas en blanco. Días sin palabras. Momentos en que todo parece apagado, sin color, como si no pudieras colorear la vida porque ahora está en blanco y negro.
Pero, incluso en esos días, hay gestos que pueden devolvernos matices. A veces basta con un lápiz de color, un ovillo de hilo, una taza de té humeante, una maceta regada con esmero… para empezar a pintar, poco a poco, nuevas escenas.
El color no niega la ausencia
Hablar de llenar de color la vida no es disfrazar la tristeza. Es una manera de honrar lo vivido y lo perdido, un lenguaje emocional que no necesita palabras. Es decirle a quien ya no está: sigo aquí, y sigo creando.
Cada gesto cuenta
El color puede estar en cosas pequeñas:
- La ropa que eliges para estar en casa.
- Un rincón con plantas.
- Una ilustración con trazos torpes pero sinceros.
- Tejer una bufanda aunque no sepas para quién.
Arte, color y emociones
Si escribes, pintas, bordas, cocinas, fotografías o simplemente riegas tus plantas con cariño, estás volviendo a crear belleza en medio del duelo.
No importa si hay lágrimas: son parte del pigmento también.

No se trata de olvidar, sino de transformar
El color no borra el dolor, pero lo suaviza. Nos ayuda a mirar lo vivido con otros ojos.
A veces, el duelo necesita contrastes: un gris profundo y un toque de amarillo cálido. La memoria y la vida conviviendo en una misma paleta.
Llenar de color las páginas de la vida durante el duelo es un acto íntimo, humilde y valiente. No es una obligación. Es una invitación. Para ti, a tu ritmo, con tus propios tonos.
Porque aunque haya ausencia, tú sigues aquí. Y tu vida -aun con cicatrices- merece luz, textura y color.
La página de la ilustración de este post está extraída de uno de mis Art Journals
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