En la etapa senior, en que el tiempo parece haberse desacelerado y el bullicio de lo urgente ha bajado el volumen, descubrimos algo precioso: el ritmo. No ese que nos impusieron los relojes o las agendas repletas, sino el nuestro, el íntimo, el verdadero. Al encontrar el ritmo la vida comienza a fluir.

La vida, si la miramos con atención, nos susurra ritmos por todas partes.

El vaivén de las mareas, el paso de las estaciones, el ciclo de las hojas que nacen, se tornan doradas y caen.

El canto de los pájaros al amanecer, el movimiento pausado de las plantas que se giran hacia la luz, el latido lento de la luna en el cielo.

Todo tiene un compás y es sabio.

Durante años quizá corrimos al ritmo de otros. Cumplimos horarios, exigencias, expectativas. Pero ahora podemos parar y escuchar, descubrir qué nos sienta bien al despertar, qué nos apetece desayunar, a qué hora escribir, caminar, tejer, regar nuestras plantas o preparar un té sin prisa.

Desarrollar nuevos hábitos y crear rituales cotidianos nos ayuda a componer nuestro propio tempo. No hay prisa.

El ritmo no tiene por qué ser siempre el mismo: puede acelerarse con la emoción de una idea nueva o ralentizarse cuando necesitamos silencio. Lo importante es que sea nuestro.

Y cuando eso ocurre, algo se ordena dentro. Las horas se encajan mejor, el ánimo respira, los días fluyen.

Encontrar tu ritmo es encontrar una forma amable de estar en el mundo. Y en este tiempo que es sólo nuestro, no hay mayor regalo.

Recuerdo el día en que creé la página de mi art journal que ilustra esta reflexión. Había salido a caminar un rato para intentar establecer esa caminata como hábito, lo que me estaba costando mucho. También buscaba ideas para mi página. Estaba comenzando en la práctica del art journal y la página en blanco aún me bloqueaba con frecuencia.

Al caminar por el parque que había cerca de casa me fijé en los mil colores de las hojas de los árboles -era otoño- y poco a poco fui observando todo lo que me rodeaba. No sé muy bien cómo, comencé a pensar en el ritmo que había a mi alrededor, en todo lo que veía. También iba escuchando música y me di cuenta de que iba caminando al ritmo de lo que escuchaba.

Y todas esas reflexiones me llevaron a comprender lo importante de encontrar el ritmo para crear mi nuevo hábito. Poco a poco lo fui logrando. Y también logré hacer esta página, que recuerdo siempre con cariño.

Encontrar el ritmo

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