Durante un tiempo el blog se ha quedado un poco en silencio.
No ha sido un silencio triste ni vacío, sino más bien un silencio lleno de cosas.

- Ovillos de lana sobre la mesa.
- Libretas abiertas con ideas a medio escribir.
- Tazas de té que se enfrían mientras intento contar puntos… y a veces también mientras intento contarme a mí misma qué estoy haciendo exactamente con esta nueva etapa de mi vida…
La verdad es que en estos meses he estado bastante absorbida por mi pequeña tienda, MPCrochet. Y cuando digo absorbida, no me refiero sólo a hacer piezas con lana.
Tener una tienda artesanal es una actividad sorprendentemente completa y compleja:
- Diseñar productos
- Estudiar estrategias
- Elegir colores
- Hacer fotos
- Escribir descripciones
- Aprender pequeños trucos tecnológicos que jamás imaginé que necesitaría saber…

… y, por supuesto, deshacer puntos cuando algo no sale como debería.
Todo un pequeño universo
Ahora estoy en pleno proceso de remodelación de mi tienda y, curiosamente, está siendo una forma muy interesante de volver a encontrar mi centro.
Hay días más tranquilos y otros más complicados.
Días en los que todo fluye y otros en los que los ovillos parecen tener vida propia y se empeñan en enredarse con una creatividad que en ese momento no encuentro.
Pero incluso en esos días hay algo que me gusta: la sensación de estar aprendiendo, de tener un pequeño reto entre manos, de mantener la cabeza activa.
Y también está la parte más inesperada: la conexión con otras personas.

Cuando alguien se interesa por algo que has hecho con tus propias manos ocurre algo mágico. No es sólo una compra o un objeto; es una pequeña historia que empieza a viajar hacia otra casa, hacia otra vida.
Y eso me sigue sorprendiendo
Por todo esto he pensado que tal vez esta nueva etapa del blog pueda convivir tranquilamente con esta aventura del crochet.
No como publicidad ni como catálogo —que para eso ya está la tienda— sino como una forma de contar lo que está pasando en este pequeño taller improvisado que tengo ahora entre el salón, la mesa y algún que otro rincón de la casa.
Seguirán apareciendo por aquí las otras pequeñas cosas que forman parte de Caminos de Plata:
- las plantas que sobreviven a mis olvidos,
- los cuadernos donde escribo pensamientos sueltos,
- los libros que me acompañan,
- y esas reflexiones que a veces nacen cuando la vida cambia de ritmo y uno tiene que aprender a caminar de otra manera.
Pero ahora también aparecerán con más frecuencia ovillos, agujas de crochet y alguna historia nacida entre puntos.
Con todo esto lo que busco es una manera lo más honesta posible de seguir escribiendo: contar lo que realmente está ocupando mis días.
Así que… ¡Sí, Caminos de Plata vuelve!
Y esta vez lo hace entre lana, té caliente y alguna que otra madeja que insiste en enredarse justo cuando parece que todo estaba perfectamente ordenado.

Escrito entre ovillos, té caliente y algunos puntos deshechos.
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