Cuando escribí el primer post de este blog, lo hice como quien abre una ventana después de mucho tiempo con las cortinas corridas.
Quería contar de dónde nacía esta idea: cómo la pérdida y esta etapa de la vida que llaman «senior» se entrelazaban en mí como hebras de una misma madeja y cómo deseaba ir tejiendo proyectos, pasiones y pequeños rituales que me ayudaran a encontrar -o quizá reinventar- el camino.
Pero desde entonces hay algo que se me sigue resistiendo: publicar lo que escribo sobre el duelo.
Tengo textos escritos, entradas pensadas, incluso algunas a punto de publicarse… pero al llegar ese momento, dudo.
Me asusta parecer demasiado triste, demasiado cruda o no lograr transmitir la luz suave -no cegadora, sino cálida- que deseo que envuelva este espacio.
Y sin embargo, algo me falta cuando me callo. Siento que omito lo esencial, que oculto la raíz de todo esto, porque fue el duelo precisamente -el golpe seco y la enrome e interminable marea que vino después- lo que me empujó a volver a escribir y volver a mi art journal, al crochet, a saborear los aromas del té, a mis plantas…
Fue el duelo lo que me llevó a buscar refugio en mis manos cuando el alma dolía y a tratar de entender cómo vivir cuando alguien querido ya no está. A encontrar sentido en las cosas pequeñas y buscarme de nuevo a mí misma.

Atravesar el duelo: un camino de palabras suaves
Quizás si has llegado hasta aquí, tú también estás buscando palabras que no hagan daño, pero que nombren lo que duele.
Tal vez esperas que hable del duelo con esa honestidad suave que intento cuidar aquí. Tal vez necesitas saber que se puede vivir con el corazón en proceso de costura y reparación, que compartamos formas de sostenernos y que sepamos que, aunque no tengamos todas las respuestas, no estamos tan solos.
Y me lo pregunto en voz alta: ¿Cómo romper esa barrera, romper el silencio? ¿Cómo saltar ese pequeño abismo entre lo que necesito decir y el miedo a no decirlo “bien”?
Tal vez ese abismo no se salta, sino que se atraviesa poco a poco, como se hace con todo en el duelo: un paso cada día. Un post cada vez.
Hoy, este post es mi primer paso.
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