Hay silencios que no pesan, sino que abrazan. Hay días en los que las palabras no alcanzan, pero las manos sí…. Tejer es otra forma de hablar.
Aprendí a hacer ganchillo cuando era muy joven, sentada al lado de mi madre, que me daba las indicaciones oportunas.

Fue poco tiempo y luego nunca volví a coger una aguja, no me entusiasmaba demasiado, me gustaban más otro tipo de actividades manuales. Luego la vida me mantuvo muy ocupada durante muchos, muchos años.
Hace ya bastantes años sentí en un momento de altísimo estrés, la necesidad de retomar actividades creativas que movilizaran en unión manos y mente y comencé a hacer «Art Jorurnaling» -esa es otra historia-.
Pero hace pocos años, cuando comencé a tener más tiempo, un día pensé que estaría bien iniciar una actividad que no moviese tantos materiales como el art journal -me encanta utilizar muchos tipos de recursos en esa actividad-.
Y entonces me acordé del ganchillo: una aguja, un ovillo y un patrón. Eso me permitiría no tener que estar encerrada en el estudio y disfrutar muchos más ratos en compañía de mi persona favorita, mi cómplice y compañero, en momentos de desconexión. Así que me puse a ver montones de vídeos, porque realmente no me acordaba de casi nada.
Y poco a poco he ido descubriendo un tesoro en una actividad que muchos denostan por considerarla «de abuelas», en el sentido más peyorativo. ¡Qué equivocados están todos ellos!

He creado muchos tipos de piezas y he descubierto que tejer es, no sólo una manera de crear, sino también una manera de mantener la mente muy activa, de recuperar la capacidad de concentración, de bucear en mi interior cuando lo necesito.
Entre hilos y memorias
Para mí tejer es otra manera de hablar. No en voz alta, pero sí con firmeza. Punto a punto voy hilando pensamientos, emociones, recuerdos… como si cada hebra que pasa por mis dedos tejiera también un puente entre lo que llevo dentro y lo que quiero expresar.
En los días más difíciles, en los que el duelo me deja muda, tejer me devuelve el ritmo. No tengo que explicarme, sino sólo dejar que las manos hagan su danza lenta, acompasada, mientras mi corazón encuentra de nuevo espacio para respirar.
Porque hay palabras que se resisten, pero los gestos encuentran su modo. Y tejer es un momento de total abstracción que hace que el tiempo se detenga a la vez que, paradójicamente, pasa más deprisa.
Tejer no es solo hacer mantas, tapetes, chales o pequeños amigurumis. Tejer es bordar paciencia, templar la espera, aceptar que no todo tiene que hacerse deprisa.
Me gusta pensar que cada labor tiene algo de conversación con mi yo de hace años, con quien fui, con quien soy. Y a veces, también con quienes ya no están. Una conversación hecha de texturas y colores, de horas en silencio que, sin embargo, lo dicen todo.
En este rincón del blog quiero compartir no sólo lo que tejo, sino lo que siento mientras lo hago. Pequeños proyectos que nacen desde el corazón y que, quizás como a mí, te ayuden a recuperar el ritmo, el sentido y la belleza de esos momentos en los que simplemente dejamos que el alma hable con las manos.
Porque sí: tejer también es otra forma de hablar… ¡Y vaya si alivia!
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