Una planta cada mes
Como ya te he contado en otros posts y como refleja el contenido de Caminos de Plata, una de las cosas que me ayudan a seguir avanzando en un momento difícil son mis plantas, esas «plantas que me cuidan» y que llenan parte de mi tiempo.
Por eso no podía faltar un espacio dedicado a ellas y, dentro de ese espacio, he incluido una Galería botánica emocional, donde puedes encontrar Mi planta del mes, para dedicar cada mes un sencillo homenaje a una de las que voy incluyendo en mi pequeño jardín dentro de casa.
Tal vez alguna te anime a comenzar o aumentar tu propio repertorio. Comienzo esta sección con una de las Calatheas.
La Calathea Makoyana, la planta que reza
En la esquina del salón, cerca de la ventana donde la luz entra tamizada por una cortina de lino, vive desde hace meses una planta que, sin decir nada, ha terminado por convertirse en maestra de muchas cosas.
Se llama Calathea Makoyana, aunque también es conocida como “la planta que reza”.
Sus hojas son finas, dibujadas como si les hubieran hecho un delicado estarcido: verdes suaves, con líneas que parecen plumas, y el revés en un púrpura que parece estampado con tinta.

Creo que es una de esas plantas que miras una vez y ya no olvidas. Me gusta observarla y contemplar todos sus detalles para apreciar cualquier pequeño cambio o nuevos brotes que se van desenrollando lentamente hasta dar esas artísticas hojas.
Aprendí con ella a fijarme mejor. A tocar la tierra con los dedos, no por costumbre sino por intuición. A notar si está seca o si aún conserva algo de humedad. Le gusta el agua, pero sin exagerar. Nada de encharcarla. Me ha enseñado a regar con respeto, sin prisa, sin distracción. Como si regar fuera un ritual breve de cuidado, de estar presente.
También me enseñó que hay que limpiar lo que se ama. Un trapo suave y húmedo, pasándolo por sus hojas despacio, le da un brillo discreto. Parece una tontería, pero hacerlo me conecta con esa parte de mí que cuida, que observa, que se detiene. Y ella lo agradece. Lo notas.
A veces, sus hojas se encogen o se rizan. Otras veces pierden algo de color. Antes me preocupaba. Ahora entiendo que sólo está hablando. “Hace calor, necesito humedad”, me dice sin voz. Y yo pongo un cuenco con agua cerca, o bolitas de arcilla mojadas bajo la maceta. Como quien le lleva una mantita.

No es una planta obediente. No crece como ni cuando tú quieres y se gira con insistencia buscando la luz. Y de repente, cuando menos lo esperas, comienzan varios brotes a salir de la tierra.
Y ahí está. Elevando sus hojas día tras día. A veces pienso que cuido de ella. Pero otras sospecho que es ella quien me cuida a mí pidiéndome atención.
Y me resulta curioso el cuidado de esta Calathea, porque con ella también aprendo a cuidarme un poco mejor. A bajar el ritmo, a observar, a estar, a acompañar. Y en esta etapa senior de mi vida, eso vale más que mil tutoriales.
¿Tú también tienes plantas que parecen mirarte? Cuéntamelo en los comentarios. O mejor aún: ve a verlas ahora. Tal vez tengan algo que decirte.
En la sección de La planta del mes te cuento más cosas sobre esta preciosa planta, sus características con más detalle y cómo cuidarla.
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